4. ¿Qué es aprender?

Si la labor de un profesor es enseñar (y educar), el profesor no puede dejar de reflexionar sobre lo que significa aprender. Si un niño se sabe de memoria las tablas de multiplicar, ¿entonces sabe multiplicar? Si memorizas listas de vocabulario y reglas gramaticales en inglés, ¿ya has aprendido a hablar inglés y entenderás todo lo que te digan?

María Acaso (2013), en su libro rEDUvolution, dice lo siguiente:

No tengo tiempo para aprender porque tengo que estudiar.

Y esta afirmación no podría ser más cierta.

Muchos son los pedagogos que han estudiado e investigado sobre cómo aprendemos, y por consiguiente, son muchas las teorías que se han desarrollado. De manera muy resumida, podemos hablar de las siguientes ideas principales sobre el aprendizaje:

  • Teorías conductistas (Paulov, Skiner): procesos de condicionamiento para la modificación de la conducta, sirviéndose de estrategias tales como el refuerzo positivo o negativo (recompensas y castigos) y la memorización. Se le da mucha importancia a la observación (figuras que sirvan de modelo y ejemplo a seguir) y a la interacción entre iguales.
  • Teorías cognitivas (Piaget, Vigotsky, Ausubel): incorpora a las teorías conductistas nuevas ideas, como la importancia del factor social en el aprendizaje, así como del contexto cultural, histórico y social de cada uno. También refuerza la idea del trabajo en equipo y el aprendizaje en sociedad. Además, incorpora la teoría del aprendizaje a través de la experiencia y el descubrimiento. Las teorías cognitivas se centran en los procesos de pensamiento y en la estructura cognitiva que el alumno va desarrollando, integrando conocimientos nuevos y conectándolos con los conocimientos previos.
  • Teorías constructivistas (Bruner,  Gagné): el constructivismo bebe de las teorías cognitivas, y tiene muchos autores en común. Según estas teorías, el alumnado construye su propio conocimiento, siendo ellos mismos responsables de su proceso de aprendizaje, mientras que el docente tiene la función de guía. Aplica las mismas ideas principales del cognitivismo, desde un punto de vista más holístico, y le da mucha importancia a la práctica para consolidar el aprendizaje.
  • Teorías conectivistas (Siemens): habla de cómo los alumnos, en un entorno tecnológico, viven conectados, y aprenden a procesar la información y a comunicarse de un modo totalmente distinto, pues pertenecen a una sociedad digital.

Tener en cuenta estas teorías puede ayudar mucho a los docentes a la hora de diseñar sus propias metodologías, y al elaborar sus unidades didácticas.

¿Y cómo puede un docente diseñar su propia metodología? Es una pregunta difícil de responder, pero en mi opinión, las metodologías han de ser eclécticas. En mi centro de prácticas estamos trabajando con la metodología del trabajo cooperativo, y unas veces funciona de maravilla y otras no, es decir, uno no debería elegir una única metodología y aferrarse a ella como a un clavo ardiendo, por muy buenos resultados que le haya dado antes,  porque cada contexto es diferente. Por tanto, lo que estoy aprendiendo es que no puedo dejar de aprender. Para ser una buena profesora, creo que he de experimentar mucho, pero sobre todo, he de tener muchos recursos. Aprender nuevas metodologías y ponerlas en práctica, coger lo que mejor me va de cada una según el momento y según el alumnado, porque para que todos los alumnos y alumnas aprendan, el profesorado tiene que ser flexible y adaptable.

Hace unas semanas, tuvimos el privilegio de recibir en la universidad un taller impartido por Ed Cousins. Ed nos enseñó cómo utilizar el juego y el teatro en el aula, y nos lo enseñó del modo más efectivo posible, haciéndonos jugar y participar en improvisaciones teatrales, logrando que nos implicáramos y lo experimentáramos en primera persona. Y no solo nos regaló un buen repertorio de juegos que usar con nuestros estudiantes (juegos que, además de divertidos, son muy efectivos para lograr que aprendan determinados temas, y para ayudarles a entrenar su fluidez y su pensamiento en inglés), sino que también nos enseñó la importancia de conocer previamente lo que quieres enseñar: si vas a enseñarles un juego, es importante que tú también hayas jugado previamente. Además, me llenó de inspiración tanto para llevar a cabo estos juegos y actividades en mis clases, como para diseñar los míos propios, y para atreverme a romper el hielo con mis alumnos y alumnas, mezclándome con ellos en el espacio del aula, uniéndome al juego en lugar de observarlo, y animarles a participar con mi propio ejemplo, implicándome yo para que se impliquen ellos también. Enseñarles un idioma también puede ser enseñarles a socializar, a improvisar, a perder la vergüenza de hablar en público o de hablar en otro idioma, a no tenerle miedo al error, a ser creativos, y a todo aquello que nos sintamos capaces de transmitirles. Porque enseñar una asignatura, tiene que ser algo más que eso, tiene que incluir algún valor añadido.

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