2. Cuando sucede la magia

Mis inicios como profesora, como seguramente habrá sucedido a muchos otros, fueron un poco agridulces. Existe una contradictoria mezcla entre el entusiasmo inicial, las ganas de cambiar el mundo, dejar huella, hacer algo diferente que marcará a tus alumnos, y el choque brutal contra el sistema real. Se me ocurrían un montón de juegos que realizar con mis alumnos, juegos que estaba segura de que les iban a gustar y que les facilitarían el aprendizaje, pero luego llegaba al aula y me daba cuenta de que eran en su mayoría impracticables. Resulta que en las aulas no hay espacio, están todos los pupitres amontonados, y ni siquiera queda hueco para poder apartarlos contra las paredes y decidir hacer algo en una porción despejada de suelo. Parecemos sardinas enlatadas, no personas tratando de que ocurra el aprendizaje. Después se me ocurrían proyectos que sí se podían adaptar al espacio del aula y que motivaban bastante a los chicos y chicas, pero resulta que entonces no nos daba tiempo a acabar el libro, y los padres se quejaban, y al final la dirección pedía que los profesores se ciñeran al programa y al libro de texto.

educational-system-comic

Y entonces llega el desánimo. En las salas de profesores vuelan frases de frustración. Los alumnos no tienen interés por nada, se aburren, no nos escuchan… Pero es que resulta que la actitud de los profesores es exactamente la misma de la que nos quejamos en los alumnos. A partir de ahí empieza la montaña rusa, días grises donde nada es posible porque estamos atados de pies y manos, y días luminosos donde hay esperanza y parece que podemos hacer algo de provecho en el aula.

Y de repente, un día, se enciende una chispa. Empiezo a leer rEDUvolution, de María Acaso, un libro fantástico que cobra vida en mis manos y me hace plantearme algunas cosas. El sistema educativo de nuestro país está obsoleto, está claro, pero… a lo mejor sí que puedo aportar mi granito de arena. Luego, gracias a algunas propuestas muy interesantes en algunas asignaturas del máster de Profesorado, descubro que aquí mismo, en España, también están sucediendo grandes cosas. Aparecen colegios como El Dragón o Bosquescuela y veo que es posible hacer las cosas de otro modo. Y semanas más tarde, la chispa se ha convertido en una hoguera mágica.

Entonces cayó en mis manos el libro de Alfredo Hernando Calvo, Viaje a la escuela del siglo XXI, publicado por la Fundación Telefónica. El entusiasmo previo se ha convertido en una vorágine. Tengo la sensación de que estoy encontrando un camino para un propósito de vida que estaba adormilado, hibernando, por no saber cómo abrirse paso fuera de la cueva. Gracias a este libro descubrí un montón de proyectos, herramientas y escuelas para la innovación, para cambiar la educación y, por tanto, para cambiar el mundo. Encontré auténticas joyas, pero una en concreto conectó profundamente con mis principios, con mi visión de la vida y de la educación: Green School Bali.

Vivimos en un mundo en el que todos parecemos cada vez más desconectados de nuestra esencia, que es la naturaleza. Desde hace un tiempo intento aplicar en mi vida cotidiana los principios del zero-waste. Me preocupa el medio ambiente y el futuro de nuestro planeta. Y en Green School Bali confluyen todos los valores que significan algo para mí. No solo es la escuela más verde del mundo, no solo se preocupa por cuidar del medio ambiente y enseñar a sus alumnos a ser respetuosos con la tierra, y no solo cultiva el amor por la naturaleza. Educa a las futuras generaciones en sostenibilidad, responsabilidad y respeto, y además les enseña a ser líderes.

Green School Bali
https://www.youtube.com/watch?v=Bh0XdweXV7I

Educar en valores; enseñar conocimientos como matemáticas o ciencias al mismo nivel que habilidades como pensamiento crítico o resolución de problemas; darle la misma importancia a la inteligencia emocional y a las asignaturas académicas; enseñar a los niños a adaptarse al mundo real en el que viven, donde deben aprender a utilizar las nuevas tecnologías, pero también a cultivar y cuidar de un huerto; crear un lugar donde los niños aprenden que el futuro está en sus manos, donde todo es posible, y donde además, los niños crecen felices, completan su educación sintiéndose seguros, empoderados y satisfechos de lo que han logrado. Todo esto, y mucho más, es lo que sucede en Green School Bali.

Para mí, este es el modelo a seguir. Puede que sea el modelo del futuro, pero también tiene que ser el modelo del presente, porque es exactamente lo que hace falta ahora, en el mundo en el que vivimos.

Ha sucedido la magia, ha nacido un sueño.

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